Aquel día, América no quería verlo. No deseaba que él la tocara ni que le hablara con esa voz suave que siempre escondía tormentas detrás. Cada vez que discutían, terminaba con la misma sensación: la de estar atrapada en una relación que apenas funcionaba. Era todo tan diferente a lo que alguna vez imaginó.
“¿Le daría su primera vez a él si no estuvieran casados”, quizá no, por ende de una u otra forma, Nathan si que le había impuesto un deber, comprado con dinero, dinero que no siquiera era pa