Camila no hablaba por despecho.
Llevaba tiempo considerando aquella decisión.
Mateo la observó fijamente, con el ceño fruncido y el rostro sombrío.
Isabella levantó la cabeza de su hombro al escucharla.
Quizá temía que discutieran, o quizá le daba miedo que Camila de verdad dejara de ocuparse de ella.
—Mamá —la llamó con cautela.
A Camila le dolió mirarla.
Pero recordó lo que Mariana le había contado y dio un paso más hacia ella.
Mateo no se apartó, aunque tampoco la miró.
Camila levantó la mano