Camila recordó lo que Mateo le había dicho dentro del carro y sintió que le faltaba el aire.
Le había dado una hija. Había trabajado y se había sacrificado tanto por ellos.
Y ni siquiera merecía una palabra de agradecimiento.
Era absurdo. Y triste.
Cuando llegó a casa de los Rodríguez, Rafael todavía la esperaba en la entrada.
Camila se acercó rápidamente a él.
—¿Por qué no me esperaste adentro?
—¿Por qué llegas tan tarde?
Rafael tenía el ceño fruncido y una mirada llena de preocupación.
Camila