Mateo mantuvo a Isabella rodeada con el brazo, cuidando que no se fuera a resbalar del asiento.
Al mismo tiempo, siguió con la vista la dirección en la que apuntaba el dedo de su hija.
La luz estaba tenue, pero aun así reconoció de inmediato a Camila, y junto a ella, a Santiago, el mismo hombre que había visto esa tarde.
Estaban sentados justo en los asientos VIP, los que él solía ocupar cuando llevaba a Isabella a ver tocar a Valentina.
Entonces, ¿había sido Santiago quien compró esos lugares?