Eran pocos en la cena, siete u ocho personas, todos del cuerpo directivo de la escuela.
Camila llegó tarde, la última de todos, porque tuvo que atender a un estudiante que se había lastimado.
Cuando el mesero abrió la puerta del privado, todos voltearon a verla al mismo tiempo.
Ella recorrió el salón con la mirada, y ahí, entre los presentes, se topó con Mateo y Diego.
Jorge nunca le dijo que se trataba de una cena para agradecer una donación; ella tampoco había preguntado de más, así que simple