Mundo ficciónIniciar sesiónEran casi las ocho de la noche cuando llegaron a Puebla, se hospedaron en un hermoso hotel colonial, justo enfrente de la catedral.
—Buenas noches señorita, por favor una habitación para una noche.
—Dos habitaciones señorita por favor.
—¡Vamos mi amor! Ya no estés enojada conmigo. ¿Me vas a dejar dormir solito?
—No le haga caso a señorita, denos dos habitaciones por favor.
—Bueno,







