—¡Ana, parece que te subestimé! —la voz ronca de Mateo rezumaba furia mientras la rodeaba por la cintura desde atrás.
Ana se sobresaltó, dejando caer la linterna que rodó por el suelo. Era imposible ignorar las manos que la sujetaban con fuerza.
—¿Javier te dejó y ahora vas tras mi tío? ¿Qué tan bajo puedes caer, Ana?
No era la primera vez que los veía juntos y aunque antes había sospechado de su relación, había descartado la idea rápidamente. Gabriel y Ana eran de mundos diferentes, era imposib