El viento alborotó el cabello de Laura como si fuera un nido de pájaros, mientras la acción fluida de Ana despertaba el terror en lo más profundo de su ser.
Laura gritó con el rostro contorsionado mientras el viento furioso se colaba en su boca. Ana, sujetándola por la nuca con una expresión gélida y aterradora, susurró: ―¿No eras tú la que hablaba de muerte?
Había escuchado claramente los insultos de Laura desde fuera de la habitación. ¿Cómo una señora de alta sociedad podía comportarse como un