―Sí, sí, soy una muerta de hambre, ¿por eso solo me vas a transferir veinte mil? ―provocó Ana, una estrategia que funcionó perfectamente con Laura, quien, picada por el comentario, añadió dos ceros más a la cantidad.
Ana la soltó con satisfacción, limpiándose las manos con una toallita húmeda como si hubiera tocado algo repugnante. Laura se desplomó completamente fuera de sí.
Contemplando a la mujer inconsciente en el suelo, Ana miró con fingida inocencia a los médicos y enfermeras estupefactos: