Ya no pudo mantenerse en pie. Las piernas se le aflojaron y cayó de rodillas al suelo, su cabeza siempre altiva ahora gacha, sin que nadie pudiera ver la expresión de su rostro.
Ana no se ablandó por esto. Casi un mes de acoso de su parte ya le había causado problemas reales, y decidió que en lugar de seguir permitiéndolo, era mejor aclararlo todo de una vez.
Ana bajó la mirada, su voz tranquila sin ninguna fluctuación. El silencio de la habitación hizo que Mateo escuchara aún más claramente.
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