Cómo convencieron a Isabella no entraba en las consideraciones de Ana.
Lo que importaba es que su plan estaba a punto de fracasar.
¿Acaso Ana parecía tan débil?
Mientras reflexionaba, de repente sonaron golpes en la puerta junto con una voz femenina estridente:
—¡Gabriel, vi con mis propios ojos a Ana y Mateo entrar a esta habitación...!
La puerta se abrió. La cama estaba desordenada, pero vacía.
Pasos apresurados se dirigieron hacia el baño, y un grupo de personas apareció frente a Ana.
Mariana