El tiempo transcurría segundo a segundo. Había pasado otra hora.
Cuanto más se demoraban, más peligroso era para Santiago.
Emanuel tenía el ceño muy fruncido mientras examinaba el entorno, pensando dónde podría haber algún escondite o ruta de escape que evitara las cámaras.
—Oficial Vargas.
Una voz femenina, fría y clara, sonó repentinamente a su lado.
Emanuel se dio la vuelta.
—¿Qué sucede?
La mujer frente a él no llevaba maquillaje, tenía el cabello negro y la piel blanca como la nieve. Aunque