El lugar era un caos. Emanuel se masajeó las sienes con la mano, sus ojos se entrecerraron y su voz se volvió fría.
—Sus problemas familiares los pueden resolver después. Ahora, lo importante es encontrar al niño. Están perdiendo tiempo.
Gracias a él, los Ramírez lograron calmarse un poco. Ricardo, con el pecho subiendo y bajando con furia, no podía quedarse. Tenía que verificar algo.
—Sigan buscando, yo voy al baño.
Y salió corriendo, a una velocidad impresionante, como si lo persiguieran per