Justo cuando Mateo levantaba la mano, Ana, con agilidad, lanzó una patada giratoria que impactó precisamente en su antebrazo.
Acompañado de un grito de dolor, Luis no pudo frenar a tiempo y el fragmento de vidrio que apretaba en su mano cortó la piel del hombro de Mateo.
La sangre roja tiñó su ropa mientras su rostro se tornaba pálido y sombrío.
— Señor Mateo...
Luis temblaba de miedo. — Yo... yo no tenía intención de lastimarlo, no es mi culpa, ¡todo es culpa de esta mujer!
Rápidamente intentab