Milena quedó aturdida por el regaño.
Permaneció sentada, inmóvil durante mucho tiempo, mientras sus ojos se empañaban lentamente y sus hombros temblaban.
Lucía se mantuvo firme.
—Lucía...
—¡No me llames! ¡No me expliques nada!
La jugada de Milena estaba completamente fuera de lugar. Había perdido la cabeza por un pretendiente.
Si ambos contribuyeran por igual, Lucía no tendría ningún problema, le parecería bien. Pero Milena era la única que estaba gastando dinero.
—Él tiene hipoteca y préstamo d