Capítulo 102
Ana frunció el ceño, pensando que aquello era totalmente absurdo.

—Ana, ¿acaso nosotros los Ramírez no te dimos todo lo que necesitabas? ¿Con qué derecho haces esto?

El tono acusador estaba cargado de una furia inmensa.

Samuel miraba la pantalla de la computadora, observando cómo la línea caía en picada, tan furioso que sentía las sienes palpitándole.

Estos días había estado completamente abrumado.

Incluso antes de que estallara el escándalo de Nicanor, la empresa ya sufría ataques malintenciona
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