En aquel momento, Tadeo se esforzó por tocar la puerta de Ana, pero terminó desmayándose sin poder evitarlo.
Seguramente la habría asustado, ¿no?
Tadeo, en un raro momento de autorreflexión, se sintió frustrado.
Estaba a punto de levantar las sábanas para salir de la cama cuando una mano grande lo empujó de vuelta.
Tadeo levantó la cabeza confundido. —¿Gabriel?
—Ella no vino.
Una simple frase que inmediatamente decepcionó a Tadeo.
Gabriel preguntó con naturalidad: —¿La conocías de antes?
—No, pa