El reloj marcaba las once de la mañana y Cyrus Leroux estaba en su oficina, frente a la pantalla, pero sin realmente leer las líneas del informe que tenía abierto. Había pasado buena parte del día revisando números, firmando documentos y fingiendo que el trabajo lo distraía, pero su mente no lograba alejarse de una sola imagen: Stella riendo suavemente la otra noche, en aquel pequeño momento de paz mientras compartían una pizza.
Fue una risa breve, contenida, pero bastó para encenderle algo e