El silencio era tan denso que se podía escuchar el latido de ambos corazones.
Cyrus y Stella seguían allí, inmóviles, mirándose sin atreverse a romper la tensión que los envolvía. Bastaría un simple movimiento, una respiración más profunda… y ese beso que los rondaba y los tentaba se haría inevitable.
Entonces, el teléfono de Cyrus comenzó a sonar.
El sonido, agudo y repentino, cortó el aire como una cuchilla invisible. Ambos se sobresaltaron, y Stella dio un paso atrás casi al mismo tiempo que