Stella colocó el último libro en una de las estanterías de su nuevo departamento y suspiró. Luego, con una sonrisa que tiraba de sus labios, giró lentamente y observó todo su alrededor.
El lugar era precioso.
Ni en sus sueños más locos habría imaginado vivir en un lugar así de bonito, moderno, espacioso y seguro.
Dio unos cuantos pasos, se acercó al mullido sofá color crema y se dejó caer en él, de espaldas y con los brazos abiertos, riendo como una niñita con juguete nuevo.
Estaba cans