Las pestañas de Stella se batieron con tanta rapidez como el aleteo de una mariposa y todo su rostro se contrajo en una mueca de desconcierto.
—¿Qué ha dicho? —exclamó, segura de que Andrew le estaba tomando el pelo con semejante broma.
¿Un departamento? ¿Para ella?
No podía ser posible.
—Lo que ha escuchado, señorita Davison. Este es su nuevo departamento. —Andrew hizo un gesto con su mano hacia adentro—. Leroux Holdings quiere que usted viva aquí de ahora en adelante, no solamente com