Diego se detuvo frente a la puerta del apartamento de Mateo y pulsó el timbre varias veces. No hubo respuesta desde el interior. También intentó llamarlo por teléfono en tres ocasiones, pero Mateo no atendió.
No era la primera vez que a Mateo le costaba despertarse por las mañanas. Desde la partida de Lucía, cinco años atrás, la vida personal de aquel hombre se había convertido en un desastre. Y eso, por supuesto, había vuelto el trabajo de Diego mucho más pesado que antes. Por suerte, Mateo le