Una habitación de una pensión modesta se convirtió en el refugio temporal de Lucía tras abandonar el apartamento de Mateo aquella noche. Había evitado deliberadamente alojarse en un hotel por varias razones, entre ellas, ahorrar el poco dinero que le quedaba. Por supuesto, las instalaciones no tenían nada que ver con lo que estaba acostumbrada. No había lujos, pero, curiosamente, Lucía se sentía más en paz allí. Antes de eso, Lucía había aprovechado para ir a la oficina del Grupo Valderrama por última vez. Entregó su carta de renuncia al departamento de Recursos Humanos sin muchas explicaciones, agradeció la oportunidad de haber trabajado allí y salió de aquel rascacielos para siempre. Nadie indagó demasiado en sus motivos. Como simple administrativa, su marcha no sacudiría la empresa. Y Lucía, en realidad, se sintió aliviada por eso. Después, Lucía visitó la tumba de su madre, que había fallecido unos meses atrás tras largos meses en coma. Al final, había perdido al único familiar
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