VALENTINA
Él se acomoda en el asiento de cuero, un movimiento estudiado de poder, pero su cuerpo no me toca. Aun así, su presencia lo llena todo, lo envenena todo. Es como si el aire dentro del auto se hubiera solidificado en torno a él.
—Te descuido un segundo —dice, y su voz es baja, como si hablara consigo mismo, pero cada palabra está afilada—, y ya estás buscando refugio en ese miserable. ¿Qué pacto hicisteis en ese jardín de mendigos? ¿Esa escena íntima ya la conoce el padre Vittorio? ¿Qu