Ambos se fundieron en un dulce beso, uno como ese del hospital, lleno de ternura, una ternura que Adriano recién comenzaba a experimentar porque nunca antes la había vivido.
Si para Angelina todo ese cúmulo de sentimientos era totalmente nuevo, para Adriano, el gran hombre de negocios, el príncipe de la mafia, el tipo con el corazón de acero y sangre en las manos, también, y parecía que comenzaba a derretirse como si fuera de cera al acercarse peligrosamente al fuego del corazón de Angelina.
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