Capítulo XXXVI

Me estremezco.

Ya el gran día llegó.

Cierro los ojos mientras Vukmir me ata el corsé con tanta fiereza que creo que mis pulmones ya son suyos. Jadeo.

¡Auxilio!

Trago saliva a mi reflejo. En mi muslo está atada una pequeña navaja y en el otro, ocho frascos minúsculos del brebaje. Cada uno representa la mitad de uno grande, así que son raciones adecuadas para mantener mi aroma aceptable. Un poco atractiv

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