Capítulo XXXVII

El paisaje es distinto; los árboles se van perdiendo, dando a su paso una carretera casi desierta, solo con maleza que, con el tiempo, ha perdido su vida. Postes y conexiones de luz por fin se aparecen. Al parecer, solo las grandes ciudades allanadas tienen electricidad establecida. Aprieto los dientes. Perdimos absolutamente todo. Me estremezco, ya la ciudad se halla en frente. Apoyo las palmas en el cristal, asombrada, aturdida hasta más no poder. La estructura de los edificio

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