Capítulo XXXV

—¿Cómo te sientes?

—Como si estuviese en una sesión con un psicólogo.

Ríe.

—Me hubiese gustado ser uno. —Se cruza de piernas. No se cansa de beber ese amargo té como si fuera un aperitivo de cinco estrellas—. Solo recuerda que seré tu consejero en este poco tiempo que queda.

Descruzo los brazos. Vuelvo a rascarme debajo del tenso cuero.

—Me siento extraña. Nunca pens&

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