—Ethan Scott—
Como todo en la vida no siempre es como uno quiere y por desgracia, comenzaba a creer que ese tal Dios debe tenerme en su lista negra. Llegué a mi reunión con mi tutor en el hospital.
—Por fin llegaste, ya me hacías falta, Scott —comentó mi jefe Owen George como siempre con esa sonrisa de hombre bonachón.
—Gracias por el recibimiento, también te extrañé. —me acomodé en la silla frente a él y me dispuse a escuchar su sermón.
—¿Cómo estuvieron tus vacaciones?
—Excelentes. —Digamos l