Después de ese momento la conversación se fue hacia autos italianos y apuestas absurdamente caras entre los tres hermanos Romanov.
—Te digo que ese idiota pagó el doble solo porque vio el apellido Romanov en el evento —dijo Damián encendiendo finalmente su cigarro.
—No. Pagó el doble porque tú lo humillaste delante de medio salón hasta que orgullo lo motivó a competir —corrigió Mikhail.
—Eso también ayudó.
Se rieron mientras Alma y Nikolai solo escuchaban mientras la música clásica llenaba el l