Dante miró a su esposa dormir a su lado, sonrió mientras comenzaba a acariciarle el cabello.
— Buenos días, hora de despertar dormilona.
—No quiero despertar exclamó Allegra cubriéndose.—Dante comenzó a besarla.– Allegra abrió sus ojos y sonrió. — ¿A dónde vamos?, pregunto Allegra.
— Se a donde me dirijo yo, respondió Dante mientras besaba su vientre.– Tú te dirijes al paraíso.
— Qué modesto exclamó Allegra.
Dante levantó el rostro y sonrió.— No verás un Beaumont modesto jamás. –Allegra enterró