Allegra estaba acostada, de pronto, sintió un fuerte golpe y una rigidez que se extendía a través de todo su cuerpo, tan intensa que casi no podía respirar; pero no le dolía.
Siguió tendida tranquilamente durante un rato; entonces sintió otra rigidez y luego otra. En plena madrugada las contracciones venían con regularidad, así que finalmente, después de darse vueltas hacia uno y otro lado, Dante se despertó y le preguntó qué pasaba.
—Nada —murmuró ella—. Son esas estúpidas contracciones. Él ab