Temblorosa abrió la puerta de su habitación. —Según recuerdo, dormimos en camas separadas – respondió, sin que se le ocurriera algo mejor que decir.
—¡Fui un imbécil en aceptarlo! ¿Cómo te atreves a abandonar nuestra habitación? – siseó apretando los dientes, siguiéndola y cerrando la puerta de un golpe que estremeció los cimientos de la casa.
—Yo no... – parpadeó Allegra.
—¡Te aprovechaste de mis sentimientos de culpa!.
— Tú no eres responsable y yo no te culpo.
Dante se dejó caer sobre el so