—Oh, Mierda, corazón —exclama Xavier.
El intenso placer de estar dentro de ella nunca pasa de moda y ahora que se habían confesado lo que sentía el uno por el otro, era diez veces más intenso.
Lentamente, con una lentitud insoportable, la rubia se estira sobre la longitud de él y este la rodea para rozar su clítoris debajo de sus bragas.
Los ruidos que salen de Stacy son jodidamente deliciosos, suaves, dulces y desesperados.
Xavier apenas se puede controlar mientras el calor rodea la base d