Capítulo 110. Una llama inextinguible.
Oliver trazó con los dedos la silueta de Blair en el aire, la imagen de la mujer que lo consumía por dentro. Su cabello rojizo, como llamas danzantes, encendía un fuego en sus venas, una pasión que no conocía límites. Sus ojos verdes, dos luceros que lo hipnotizaban; su piel blanca, lienzo de deseo; y su cuerpo de diosa, la creación más perfecta. Blair era su perdición y su salvación, la llama que lo consumía y, a la vez, lo mantenía vivo.
Y entonces ella apareció, como un sueño hecho realidad.