PUNTO DE VISTA DE CATALINA
El portazo de la puerta la despertó.
Catalina se incorporó de golpe, corazón ya acelerado antes de que sus ojos se abrieran del todo. Tres guardias estaban en la puerta. No los habituales, estos eran más grandes. Sus rostros inexpresivos.
—Arriba —dijo el primero—. Ahora.
Se puso de pie despacio, una mano presionada contra su vientre. El bebé había estado moviéndose más últimamente. Pequeños aleteos que le recordaban que no estaba sola incluso cuando se sentía así.
—¿