PUNTO DE VISTA DE ISABELLA
La casa segura estaba en silencio de una forma en que la mansión Conti nunca lo estuvo.
No había gritos lejanos. Ni puertas golpeando. Ni pasos pesados que me hicieran sentir que el estómago se me caía. Solo el suave zumbido del aire acondicionado y el ocasional susurro de las hojas fuera de las ventanas. Debería haberme sentido en paz. En cambio, se sentía surrealista, como si estuviera viviendo el sueño de otra persona.
Estaba sentada en el amplio asiento junto a la