Punto de Vista de Damien
Richard hizo su movimiento a las nueve y cuarenta y cinco.
Lo vi cruzar la sala con la confianza pausada de alguien que cree que el terreno ya está preparado. Probablemente tenía razón en eso. Había pasado treinta años aprendiendo a entrar en conversaciones que ya estaban medio ganadas.
Alex lo vio venir antes que yo.
—Allá vamos —dijo en voz baja.
—Quédate —dije.
—No pensaba irme.
Richard llegó con una bebida y una sonrisa que no llegaba a nada por encima de su boca.
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