Punto de vista de Damien
El primer mes separados fue un infierno.
Hablábamos todas las noches, videollamadas que se extendían más allá de la medianoche, pero no era suficiente. Quería tocarlo, verlo en persona, no a través de una pantalla. El apartamento se sentía vacío sin él. El trabajo se sentía inútil.
—Te ves terrible —dijo mi abuela durante uno de sus raros momentos de lucidez. Había estado visitándola en el hospicio, algo que ahora hacía dos veces por semana.
—Gracias, Eleanor.
—Es por e