Dejando su café, María Fernanda sonrió a la entrada de la cafetería en cuanto sus ojos divisaron a Antonio. Él también sonrió al ver a María Fernanda después de tanto tiempo.
—María Fernanda, estás aquí—, la saludó.
—Por favor, toma asiento. Lo siento, tuve que pedir mi café antes de tu llegada.
—¡Oh, no! No te preocupes, María Fernanda. Entiendo cómo puedes ser.
Se rieron.
—De todos modos, ¿por qué me pediste que viniera? Quiero decir, no es que me moleste, pero...
Ella soltó una risita al ver