Al entrar en la enorme cocina que también estaba en el primer piso de la empresa, María Fernanda no se permitió sentirse nerviosa a pesar de las miradas que se estaba ganando al caminar delante de la gente que ya había empezado a trabajar. Parecía que tendría que presentarse a los cocineros allí presentes, que la miraban como a la que iba a robarles el puesto.
Nadie se atrevía a sonreírle. Nadie se atrevía a hacerla sentir bienvenida. Era una extraña para ellos. Alguien que no merecía recibir s