Capítulo 8. Funeral
Maximiliano, en ese instante, sintió cómo el mundo se le venía encima. No podía —ni quería— aceptar aquella terrible posibilidad: que de la noche a la mañana había perdido a su mujer, y todo por su culpa, por no estar pendiente de ella.
Se obligó a sí mismo a ser fuerte. Tenía que enfrentar lo que fuera y comprobar con sus propios ojos si esa mujer que decían haber encontrado era realmente su esposa. Hasta no verla, no creería nada.
Con el corazón en un puño, se levantó como pudo y acompañó al