El sol de la mañana bañaba la ciudad canadiense con una cálida luz dorada. Isabela, sintiendo que la paz del día comenzaba a abrazarla, decidió salir a disfrutar del aire fresco. Su Ferrari roja relucía bajo el sol mientras se deslizaba por las calles tranquilas de la ciudad. El viento acariciaba su rostro, y, por primera vez en mucho tiempo, se permitió sentir la libertad plena, sin preocupaciones ni ataduras.
Conducir la hacía sentirse viva, más conectada consigo misma, y decidió hacer una pa