Leonardo no pudo conciliar el sueño esa noche. Se quedó sentado en su despacho con un vaso de whisky entre los dedos, observando el reflejo de la luna en los ventanales. Todo lo que había intentado ignorar lo estaba alcanzando, golpeándolo con fuerza.
Camila, Isabela… su vida parecía estar dividida entre ambas. Una era su pasado, su historia, la mujer a la que juró amar y proteger. La otra, Isabela, era su presente, el torbellino de sentimientos que nunca esperó y que no sabía cómo manejar.
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