El día amaneció con una brisa fresca que no alcanzaba a calmar las tensiones en la Mansión Arriaga. Isabela despertó con el corazón pesado, su mente repasaba una y otra vez la imagen de Leonardo abandonándola en la isla para correr al lado de Camila. Aunque intentaba convencerse de que no debía importarle, el dolor seguía presente.
Leonardo, por su parte, estaba en su despacho desde temprano. Sus pensamientos lo traicionaban: no podía sacarse de la cabeza a Isabela, su mirada desafiante y el mo