El amanecer se filtraba débilmente a través de las cortinas de la habitación de Isabela. La joven se encontraba aún en su cama, sumida en un sueño inquieto, cuando el sonido seco de la puerta al abrirse la despertó de golpe. Leonardo entró sin tocar, su presencia dominante llenando el espacio con un aire frío y cortante.
Isabela se incorporó lentamente, cubriéndose con la sábana, confusa y vulnerable.
— ¿Qué haces aquí? — preguntó, su voz cargada de una mezcla de sorpresa y temor.
Leonardo n