La tarde se cernía sobre la Mansión Arriaga, y Camila esperaba en el salón principal, sentada en el sofá de terciopelo beige, con una copa de vino en la mano. Estaba lista para su próxima jugada. Leonardo había llegado hace poco de la empresa, su semblante serio y ausente, como había sido costumbre en los últimos días. Sin embargo, esta vez, Camila estaba decidida a romper esa barrera y empujar las cosas en la dirección que ella deseaba.
— ¿Puedo hablar contigo un momento? — dijo Camila con su