La luz de la luna entraba por las rendijas de la ventana, proyectando sombras danzantes en las paredes del dormitorio. Isabela, con el corazón acelerado y la mente llena de pensamientos confusos, apenas podía pensar en lo que estaba a punto de suceder. La cercanía de Darío y Alejandro durante la cena había sembrado en Leonardo una tormenta de celos que ahora estallaba en su interior. El ambiente se había cargado de tensión desde que los hombres llegaron para saludar a su esposa, y en esa presió