La tarde transcurrió con una aparente tranquilidad en la mansión Arriaga, pero bajo esa calma se escondían las tormentas personales de cada uno de sus habitantes. Isabela, aún sacudida por los acontecimientos recientes, se encontraba en su habitación, revisando algunos papeles de trabajo cuando su teléfono vibró con un mensaje de Alejandro.
—¿Cena esta noche? Es una reunión informal, pero creo que sería útil que estuvieras. Puedo pasar por ti a las 8.
Isabela leyó el mensaje varias veces. Aunqu