El despacho principal del bufete Roca & Asociados, situado en la planta 35 de uno de los rascacielos más exclusivos de la Diagonal, tenía unas vistas espectaculares de Barcelona. Pero nadie estaba mirando por la ventana.
El aire dentro de la sala de reuniones estaba viciado, cargado con el olor a café rancio, tóner de impresora y ansiedad legal. Las mesas de caoba estaban sepultadas bajo montañas de expedientes, cajas de pruebas y tablets encendidas.
Felipe Roca, el abogado penalista más caro y